Salmodia Exclusiva en la Reforma Protestante

Daremos ahora, un salto considerable. En el artículo anterior hablamos sobre la Salmodia Exclusiva en la Iglesia Primitiva (ver artículo anterio), pero ahora nos dirigiremos hacia la iglesia en tiempos de la Reforma Protestante.

Se reconoce como el inicio de la Reforma Protestante, el día en que Martín Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la catedral de Wittenberg, el 31 de octubre de 1517. La idea popular es que la Reforma Protestante trató sobre Lutero y sobre la reforma que tuvo lugar durante su vida. Pero este es un pensamiento, a penas, parcialmente cierto.

Con Martín Lutero la Reforma inició y tomó fuerza, pero con la aparición de otros reformadores (como Calvino o Zwinglio) el movimiento de reforma experimentó cierta ramificación. La reforma iniciada por Lutero y los luteranos tomó su propio rumbo. La reforma impulsada por Juan Calvino y sus escritos, avanzó por otro camino, yendo más allá que la de Lutero.

Así, Lutero podrá ser el más famoso de los reformadores, pero no es el todo de la Reforma Protestante.

Es importante aclarar este punto ya que, en cuanto al culto, Lutero fue más partidario del Principio Normativo, mientras que Calvino siempre defendió el Regulador. Por supuesto, en aquel tiempo a estos principios no se les llamó de este modo, de hecho, no tenían un nombre determinado. Sin embargo, por los escritos y prácticas de ambos reformadores, siempre ha sido evidente qué reformador tendía a cuál principio.

Lutero, por ejemplo, no tuvo ningún temor en componer el famosísimo himno «Castillo Fuerte» e introducirlo al culto, mientras que la opinión de Calvino sobre los cantos en el culto fue mucha más estricta como enseguida veremos.

Las iglesias que se identifican como «reformadas» son las que siguen la herencia del reformador de Ginebra. Yo como reformado, en este artículo sobre la Reforma Protestante, naturalmente me enfocaré en Calvino, en Ginebra, en su iglesia, en sus prácticas, en sus creencias, en su reforma y no en la reforma luterana.

Iniciemos preguntándonos ¿Qué se cantaba en Ginebra? En Ginebra, en la Iglesia donde Calvino tuvo el liderazgo, lo que se cantaba principalmente eran los salmos. Como el Pastor John Sawtelle habla sobre esto:

«Aunque ya se cantaban los Salmos entre los reformados en la década de 1520, fue Calvino quien ayudó a que esta práctica llegara a ser una seña de identidad para las iglesias reformadas. Tomando una vía media entre Lutero, por un lado, quien incorporó himnos y salmos en la adoración pública, y Zwinglio, por otro, quien rechazó totalmente el uso tanto de instrumentos como incluso del canto en el culto público, Calvino propuso el canto de los Salmos a capela por toda la congregación»[1].

Todavía en Estrasburgo, en 1539, Calvino mismo supervisó la edición y publicación de un Salterio francés. Un poco después, ya como ministro en Ginebra en 1542, Calvino publicó una nueva versión del Salterio. Estos fueron los primeros intentos por parte de Juan Calvino por dar a la iglesia los salmos para ser cantados en la adoración pública.

Por supuesto, es innegable que durante que Calvino dirigió la iglesia en Ginebra, también se cantaban otras porciones de la Escritura, tales como: Los Diez Mandamientos, La Oración del Señor, el Cántico de Simeón, etc… sin embargo, esto no debe darnos la impresión de que en aquel entonces los reformados creían que cualquier músico con buenas intenciones podía componer y cantar en el culto lo que se le viniese en gana.

La forma de pensar de los creyentes reformados con respecto a los cantos en la adoración, evidentemente, habría de ser moldeada por la postura personal de Calvino. ¿Cuál era la postura personal de Calvino? El profesor Sherman Ishbell lo describe elocuentemente: «es la preocupación de Calvino que, cuando las palabras se unen con la música en el canto, el texto debe ser producido por el Espíritu Santo.»[2] Para Calvino, entonces, las palabras que se cantan en la adoración no deben ser inventadas por meros hombres sino entregada a la Iglesia por el Espíritu de Dios, en las Escrituras.

De modo que, al estudiar la historia de los cantos que se entonaban en Ginebra, lo primero que podríamos pensar, si bien no es en Salmodia Exclusiva, sí podría ser algo parecido a «Escritura Exclusiva». Tal como dijo Nicholas Temperley sobre Calvino: «él estuvo fuertemente a favor de usar solamente las palabras de Dios, es decir, canciones de origen Bíblico, consistiendo en los salmos y algunos versos líricos de otras partes de las Escrituras»[3].

No obstante, aun a pesar de que en Ginebra se entonaban más que solo los salmos, todavía existe una posibilidad de que la postura personal y más íntima de Calvino, en cuanto a los cantos en el culto, sí fuese la de la Salmodia Exclusiva, o una muy cercana a esta.

Debemos reconocer que la práctica de la iglesia en Ginebra no siempre fue un reflejo fiel de las convicciones personales de Calvino. Por ejemplo, sabemos que Calvino creía que la Santa Cena debía administrarse cada Día del Señor, cada domingo. Sin embargo, esa no fue la práctica histórica de su iglesia porque su consistorio jamás lo permitió. Del mismo modo, el hecho de que se hayan cantado más que solo salmos en los cultos en la Ginebra de Calvino no nos indica cual fue la convicción personal del reformador.

Será mejor ir directamente a sus escritos ¿En cuál de todos ellos podríamos encontrar lo que Calvino pensaba sobre los cantos en el culto? En el prefacio que Calvino escribió al Salterio metrificado en 1543:

«Mas hablando ahora de la música, comprendo dos partes, a saber, la letra, o tema y materia; y, en segundo lugar, el canto o la melodía. Es cierto que toda palabra mala (como dice san Pablo) pervierte las buenas costumbres; pero cuando la melodía acompaña, esto atraviesa mucho más fuertemente el corazón y entra al interior; de manera que como por un embudo el vino es introducido al vaso, de la misma manera el veneno y la corrupción se destila hasta lo profundo del corazón por la melodía.

»Por tanto, ¿qué se ha de hacer? Pues tener canciones no solamente honestas, sino también santas, las cuales sean como aguijones para incitarnos a orar y alabar a Dios, a meditar en sus obras, a fin de amarlo, temerlo, honrarlo y glorificarlo. Mas esto que dice Agustín es cierto, que nadie puede cantar nada digno de Dios, sino lo que ha recibido de Él. Por lo cual, cuando hayamos andado por todas partes buscando aquí y allá, no encontraremos mejores canciones, ni más apropiadas que los Salmos de David; los cuales el Espíritu Santo le dictó e hizo. Y, por consiguiente, cuando los cantamos, estamos seguros de que Dios nos pone en la boca las palabras, como si Él mismo cantase en nosotros, para exaltar Su gloria»[4].

Muy elocuentemente Calvino dice: «no encontraremos mejores canciones, ni más apropiadas que los Salmos de David». Calvino jamás se expresó así del canto de los Diez Mandamientos o del canto de la Oración del Señor en su culto. Él sabía que solo acerca de los salmos se podían expresar tales elogios. Estas son sus palabras: «Solo dejen que el mundo sea bien avisado que en lugar de canciones en parte vacías y frívolas, en parte tontas y embotadas, en parte obscenas y viles, y en consecuencia malas y dañinas, cual hasta ahora han sido usadas, se acostumbre en lo sucesivo a cantar estos himnos divinos y celestiales con el buen rey David»[5].

No es descabellado suponer que Calvino, entonces, tuvo su propia postura, pero jamás la impuso sobre Ginebra. Él mismo era consciente de lo difícil que serían convencer a otros de sus convicciones. Sabemos bien lo que pensaba: «Yo no ignoro lo difícil que es persuadir al mundo que Dios rechaza e incluso que abomina todo lo relacionado a Su culto que es inventado por el razonamiento humano»[6].

Admiramos la paciencia y confianza de Calvino, pues a pesar de que algunas de sus convicciones personales no llegaron a materializarse en su propia iglesia, él perseveró y las generaciones subsiguientes que bebieron de su conocimiento sí las abrazarían y las harían reales en sus propias iglesias varios años después; como es el caso de los reformados ingleses, escoceses, irlandeses y holandeses, herederos de la Reforma de Calvino, en quienes vemos con mucha más claridad la Salmodia Exclusiva.

Tal es el ejemplo a seguir. No desmayemos si no logramos ver nuestras convicciones puestas en práctica en nuestro tiempo. Perseveremos en la verdad como Calvino, con paciencia, con abnegación, con sutileza, con inteligencia. A futuro, Dios bendecirá nuestros esfuerzos si es su voluntad, aunque pueda no ser durante nuestro tiempo de vida.

Lea el siguiente artículo de esta serie: Salmodia Exclusiva en la post-Reforma


[1] John Sawtelle, El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: El Canto de Salmos para un Vigoroso Culto del Reino (parte 2), https://westminsterhoy.wordpress.com/2013/01/18/el-etos-marcial-del-culto-reformado-historico-el-canto-de-salmos-para-un-vigoroso-culto-del-reino-parte-2/

[2] Sherman Ishbell, Las únicas canciones dignas de Dios son recibidas de Él: Un análisis de Juan Calvino sobre el uso de los Salmos en el culto de Dios

[3] Nicholas Temperley, The Music of the English Parish Church (Cambridge: Cambridge University Press, 1979), 1:20.

[4] J. Calvin, «Epistle to the Reader,» at the head of the Psalter, dated 10th June 1543.

[5] Garside, Orígenes de la teología de música de Calvino, pp.23-24; Calvini Opera 6:169-72.

[6] Juan Calvino, La Necesidad de Reformar la Iglesia

2 comentarios sobre “Salmodia Exclusiva en la Reforma Protestante

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Primeros pasos
A %d blogueros les gusta esto: